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Cuenta una leyenda
náhuatl la historia de un valeroso guerrero y una hermosa doncella
que murió de amor. Un guerrero que fue obligado por el padre de la
joven Iztaccíhuatl a ir a la guerra con tal de obtener su visto
bueno para contraer nupcias con su hija. Tras meses de no obtener
noticias, Iztaccíhuatl recibió a un mensajero quien le dijo que su
amado había muerto en combate. Víctima de la tristeza la doncella se
entregó al llanto, saliéndosele la vida entre las lágrimas y murió.
Al poco tiempo, el guerrero regresó y encontró a su amada muerta,
lleno de coraje, se llevó el cuerpo a lo alto de un cerro donde le
dio sepultura y permaneció arrodillado junto a ella, muriendo dando
gritos de coraje que retumbaron por todo el Anáhuac. Los dioses al
contemplarlos sintieron compasión de ellos, los cubrieron con un
abrigo de ramas y nieve y los convirtieron en montañas. Una con la
silueta de una joven mujer y el otro un volcán que a cada tiempo
sigue ardiendo de amor en su interior.
Esta bella leyenda es
sólo una muestra de la enorme importancia cultural que estos
volcanes significan para la región y para el país en general,
volcanes que han estado presentes a lo largo de los siglos en el
imaginario colectivo, eternos custodios y marco natural del Valle de
México. Son estos los volcanes que aparecen en las pinturas de José
María Velasco, el Dr. Atl y Diego Rivera y fue en un camino en medio
de estos volcanes (el Paso de Cortés) donde los conquistadores
españoles vislumbraron desde las alturas por primera vez el
esplendor de la antigua Tenochtitlan.
El volcán
Popocatépetl, o "don Goyo" como lo conocen los habitantes de las
poblaciones cercanas y el Iztaccihuatl o "la mujer dormida" se
encuentran localizados dentro un importante parque nacional en el
oriente del Estado de México, haciendo límite con los estados de
Puebla y Morelos. Es una zona de intricadas serranías cubiertas por
bosques de clima frío donde predominan pinos, abetos y oyameles, que
a partir de los 4000 metros de altura sobre el nivel del mar dan
paso a extensos páramos alpinos cubiertos por vegetación de tundra,
donde predominan los zacates y los cardos. La fauna de la zona es
abundante y podemos encontrar teporingos, conejos, pumas, venados,
águilas, armadillos y distintas especies de reptiles e insectos.
Desde el punto de vista ecológico, este parque nacional adquiere
especial relevancia al ser las nieves eternas de estos volcanes y
sus bosques aledaños, la fuente de varios de los ríos que abastecen
de agua potable las ciudades cercanas, razón por la cual se han
emprendido intensas campañas de reforestación y protección.
En este parque
nacional se pueden realizar distintas actividades como caminata,
escalada, bicicleta de montaña y alpinismo, sin embargo la
realización de actividades en el área se encuentra sujeta a las
condiciones de erupción del Volcán Popocatépetl, sin embargo la
mayor parte de los días es posible acceder al Iztaccíhuatl y al Paso
de Cortés. Para ello es necesario registrarse previamente en la
oficina de turismo del poblado de Amecameca donde se darán las
instrucciones pertinentes para realizar el ascenso que puede
efectuarse en automóvil.
Otros de los
atractivos de los alrededores, son las poblaciones ubicadas a las
faldas de los volcanes, de las cuales por citar a una mencionaremos
a San Rafael, una interesante villa que funcionó a principios del
siglo XX como centro productor de papel, mismo que conserva muchas
de sus instalaciones originales con una marcada influencia europea
que nos transporta a otros tiempos y latitudes. Asimismo en la zona
también se encuentran algunas de las primeras construcciones
religiosas realizados por los misioneros católicos en nuestro país,
en las poblaciones de Atlahucan, Cuernavaca, Tetela del Volcán,
Huejotzingo, entre otras, mismas que fueron declaradas Patrimonio de
la Humanidad por la UNESCO en 1994.
Este parque nacional
es fácilmente accesible desde la ciudad de México, con un tiempo de
recorrido aproximado de dos horas, tomando la carretera Chalco
- Amecameca.
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