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Localizado a menos de
dos horas de distancia de la Ciudad de México, el estado de Tlaxcala
atesora en sus serenos paisajes rodeados de sierras y volcanes una
gran riqueza cultural y una de las tradiciones arquitectónicas más
fuertes de nuestro país.
De etimología nahuatl, a la palabra
Tlaxcala se le han dado diversos significados como "sobre el
quemadero", "sobre las piedras volcánicas" o "tierra del pan de
maíz". Esta región ha estado habitada desde tiempos remotos
por diversos grupos humanos dedicados a la agricultura y el
intercambio comercial. Los primeros grandes asentamientos humanos
que se tienen registrados datan del primer milenio d.C. destacando
especialmente la ciudad de Cacaxtla, antigua capital de los olmecas
- xicalancas de la cual perduran hasta nuestros días varias
construcciones, destacando especialmente un complejo palaciego que
aun conserva varios murales que representan diversos aspectos de la
vida y cosmovisión prehispánica y que están relacionados con otras
tradiciones culturales de Mesoamérica como los mayos, los
teotihuacanos y las ciudades de Oaxaca. Tras el abandono de este
sitio se establecieron en esta zona los señoríos de Ocotelolco,
Tiztatlán y Quiahuiztlán que juntos conformaron lo que se conoce
como la "República de Tlaxcallan", una auténtica federación en la
que los representantes de los señoríos se reunían para tomar
decisiones de índole estrátegica para su república, y que para la
administración local dividían cada señorío en feudos, algunos de los
cuales incluso llegaban a elegir a sus gobernantes, contrastando
notablemente con la política de monarquías absolutas que en esa
época no sólo reinaban en el resto de México sino en la mayor parte
del mundo. De
tal suerte, la República de Tlaxcala empezó a destacar por su
desarrollo, sobre todo en lo relacionado con el intercambio
comercial con la costa, situación que sucitó rivalidades con pueblos
vecinos con los cuales frecuentemente entró en hostilidades. Sin
embargo, a pesar de las frecuentes guerras, Tlaxcala pudo mantenerse
autónoma incluso del poderoso Imperio Mexica.
Con la llegada de los
españoles, Tlaxcala jugó un papel fundamental en el proceso de
Conquista, ya que tras varias derrotas frente al ejército europeo
decidió crear una alianza con el, siendo los líderes tlaxcaltecas
bautizados al cristianismo y parte importante en la caída de
Tenochtitlan. Lo anterior le otorgó a Tlaxcala ciertos privilegios
durante la época colonial, como poseer un cabildo indígena y la
libertad de participación en actividades económicas que en otras
regiones del virreinato estaban reservadas para españoles.
Actualmente en Tlaxcala es posible
reconocer la fusión de estos dos mundos en diversas facetas de su
vida. Por un lado, al recorrer sus campos salpicados de vestigios
prehispánicos es fácil recordar como pudo ser esta tierra tiempo
atrás, por otro al recorrer sus pequeños pueblos sus templos
muestran la llegada de otra fe, pero fuertemente matizada por las
tradiciones de la cultura cultura local, sus colores, su exhuberante
ornamentación y su atmósfera.
Especial mención
requiere la Ciudad de Tlaxcala, capital del estado que no obstante
lleva una vida serena, con sus calles amplias, los alegres colores
de sus fachadas y los pequeños rincones que nos transportan al
pasado como su catedral, una excepcional construcción que además
presenta características poco comunes en la ciudades de México, como
estar situada en una colina, fuera de la plaza principal y con su
campanario separado, presidiendo un tranquilo paseo arbolado con
fresnos y arcos, mientras al interior, construida con piedra y
madera es innegable la presencia de elementos islámicos provenientes
de la arquitectura del sur de una España, que al tiempo de su
construcción, apenas iba saliendo de las guerras de Reconquista.
Otro punto destacado es el Templo de
Nuestra Señora de Ocotlán, que presidiendo una de las colinas que
conforman el valle sobre el que descansa la ciudad de Tlaxcala,
eleva sus torres blancas completamente ornamentadas con motivos
barrocos contra el profundo color azul del cielo, conformando unas
de las experiencias espaciales más vibrantes de nuestro país.
Para llegar a Tlaxcala se puede tomar un
autobus en la TAPO, con un costo aproximado de 96 pesos y un
recorrido de dos horas, en el que te recomendamos disfrutar las
hermosas vistas que se tienen el la autopista de los
Volcanes Iztaccihuatl y Popocatépetl.
Una vez en Tlaxcala, puedes tomar un colectivo que te puede llevar a
la zona arqueológica de Cacaxtla. |


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